Ver lastimada a la gente que quería, era lo que más alteraba a Sofía y por eso estaba furiosa. Cuando vio esas heridas de cerca, su cara cambió por completo. Sin que nadie tuviera que decir nada, Mónica pidió rápido que trajeran el botiquín y Alejandro se sentó en el sofá mientras le curaban el brazo. Sofía quería atenderlo ella, pero él vio la preocupación y el dolor en sus ojos, así que se negó.
—Sofía, estoy bien. Ve a comer un poco de postre; en un momento estoy listo.
—Quiero quedarme conti