Cristina se quedó sin palabras, totalmente atónita.
Las dos se miraron, incapaces de decir nada, pero con el corazón lleno de emoción. Se escuchó a lo lejos el sonido de un motor que se fue acercando poco a poco. Unos faros de luz blanca y potente se proyectaron sobre ellas.
Isabella y Cristina se miraron de inmediato. ¡Había llegado! ¡Por fin había llegado!
Sin poder controlar los nervios, Isabella apretó fuerte el brazo de Cristina. La luz era tan intensa que apenas podía mantener los ojos abi