Sofía siguió al grupo que iba al frente con Javier, sin percatarse de que a pocos metros una camioneta oscura los vigilaba con discreción. Dentro del vehículo, Diego se quedó callado; su cara oculta en las sombras, tenso pero sin mostrar emoción, como una tormenta a punto de estallar detrás de sus ojos.
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Después de irse de la zona de fiestas, Javier los llevó a un bar privado de aire retro, elegante pero sin muchas pretensiones.
Era un sitio de acceso exclusivo, solo para invitados, con un a