Después del trabajo, Valentina regresó a su casa.
Era el apartamento que Diego le había comprado: amplio, lujoso, con todo lo que podía desear.
Ella había pensado que, después de mudarse, Diego iba a ir con frecuencia y, como ya estaba divorciado, incluso podía quedarse a pasar la noche.
Con lo mucho que él la valoraba, era cuestión de tiempo para que estuvieran juntos.
Pero la realidad fue totalmente distinta.
Desde el día en que compró el apartamento, Diego no volvió jamás.
En otras palabras,