Cuando Alejandro tenía tres años, le dijeron que iba a conocer a alguien a quien llamaban "mamá".
Había oído a otros niños hablar de esa palabra con cariño y cierta dependencia, así que esperaba ese encuentro que le revolviera el estómago de la emoción.
El día que vio a Pandora por primera vez, sintió que no podía decir nada.
Era tan linda y deslumbrante, que por un instante pensó que su mamá era la mujer más bonita y elegante del mundo.
Hasta le dio miedo hablarle.
Caminó con timidez hasta ella