Con un fastidio evidente, Pandora miró a Alejandro.
No había pasado ni un minuto desde que se reencontraron y ya ese descontento se le notaba en los ojos.
—¿Y yo qué? —preguntó con tono cortante.
Alejandro la miró sin emoción.
Sabía muy bien que, si no la llamaba mamá, iba a armar un escándalo ahí mismo.
Así que cedió.
—Mamá —dijo al final, seco, casi forzándose—. Vamos.
Eso no era cariño, era estrategia. Una cortesía vacía para mantener la paz.
Pandora sonrió de inmediato, hizo como si no notar