Alejandro notó que Sofía había sonreído fugazmente.
Cuando se trataba de ella, no podía mirar las cosas con seriedad; la razón quedaba relegada y lo guiaba el instinto.
Igual que con ese cuadro.
O como con Carter...
El muchacho no importaba de verdad; lloraba por todo.
Aun así, Alejandro sentía celos de la forma en que Sofía se preocupaba por él.
Bastaba con que ella lo mirara con el mismo afecto, y Carter dejaba de ser relevante.
Una semana sin verla le había bastado para entenderlo: cuando se