—Creo que solo así tendría sentido —dijo Sofía.
Ella estaba de buen humor. No era común verla ponerlo en aprietos. Él, con todas sus cualidades y con tantas mujeres detrás de él, seguía soltero a los veintiocho años. Eso solo demostraba que su orgullo y sus estándares eran demasiado altos para fijarse en una mujer cualquiera.
Y, en ese momento, un hombre que nunca había amado, debía inventarse de la nada un motivo convincente para “amarla”. No era tarea fácil.
—Señor, piénsalo bien. Yo tengo de