Más bien, Javier quedó aún más impresionado con Sofía. Nadie que trabajara al lado de Alejandro era idiota.
—Está bien, me equivoqué. —Como no encontró nada sospechoso, Javier decidió no seguir preguntando—. Vengan, brindemos.
Justo entonces, una lancha apareció cortando las olas a gran velocidad. En segundos, varios tipos de traje negro subieron al yate, con Antonio detrás de ellos. Buscó entre la gente hasta dar con Sofía, y se rio con desprecio.
—¡Agárrenme a esa zorra!
A Javier se le cambió