A Sofía se le congeló la sangre. ¿Alejandro ya se había enterado tan rápido? Pero no podía ser, tampoco iba con espías por todos lados. Sofía lo siguió sin cambiar la expresión. Cuando llegaron al elevador, le preguntó:
—Señor Montoya, ¿a dónde vamos?
—Javier organizó una fiesta en su yate, ya que nos lo encontramos, vamos a ir.
Sofía se relajó. Entonces Alejandro no sabía nada, y como se iban en un par de días, todo quedaría enterrado cuando salieran de San Rafael.
El yate de Javier era gigante