Cristina pensaba para sí: “Sofía, me quito el sombrero. ¡Estamos hablando nada menos que de Diego!”
Había visto a Diego varias veces. Tanto él como Alejandro reflejaban ese aura paralizante, ese aire frío intimidante. Como esos profesores universitarios jóvenes y brillantes que inspiran respeto y distancia, que son intocables y que no toleran desplantes.
Imagínate ser un estudiante frente a un profesor con semejante poder y prestigio. ¿Quién tendría las agallas suficientes para plantarle una cac