Eduardo había querido quedarse con Alejandro.
Con lo desconsolado que lloraba el pequeño, seguro habría aceptado quedarse. Pero él mismo se negó a hacerlo.
Después de eso, se veían solo una vez al año, y cada año Alejandro se volvía más distante y frío.
Que ahora no le gustara el contacto físico ni tuviera relaciones románticas se debía a sus experiencias de infancia.
Por eso, Eduardo nunca lo había presionado.
Ya estaba viejo y tenía una mentalidad cada vez más abierta.
Cada quien hace lo que q