Fabricio, cómo no me voy a cansar, si nunca estabas en casa, siempre viajabas a la quinta y me dejabas sola por semanas, y cuando volvías, era como que no lo hicieras, nunca me tocaste, creo que te daban asco mis besos.
—¡Melany, eso no es cierto! Si no te tocaba es por el problema que tengo.
—¡Pero te juro que…!
—¡Ay, Fabri, no me jures nada, estoy harta de tus juramentos! En ese instante, Fabricio se detuvo debido a que el semáforo se puso en rojo.
¿Sabes qué? ¡Hasta ahora, mi día no ha sid