Usted comenzó.
La actitud de aquella mala mujer molestó tanto a señora Hilton. —¿Disculpe? Melany cambió el semblante y rodeo el escritorio de Lucrecia, luego se paró erguida delante la señorita.
—¡Lucrecia, no es tu sirvienta! Y no irá a ningún lado.
—¿Qué oso? ¿Quién eres? Lizbeth la miró con desprecio.
—¡Soy quien te pondrá en tu lugar si no muestras respeto por las personas que trabajan aquí!
—¡Respeto! Púdrete. La pedante y arrogante mujer le dio la espalda. No le gusta discutir con gente de clase baj