Sal por las buenas.
No me mientas, creí que éramos amigas; sin embargo, te guardas cosas para ti. Al detenerse, la joven secretaria señaló a su jefe y añadió.
Ves esa sonrisa, la tiene desde que llegaste a la compañía, claro, ahora se nota más, además, te tiene custodiada como si fueras un tesoro. Ella habló con los brazos cruzados y fingiendo malestar.
—¡Lo siento mucho, es solo que ya viste, no se puede confiar en nadie, mi mejor amiga me traicionó! Melany le pasó el brazo por el hombro y ambas siguieron junta