Dos días perdida.
Una cachetada de mi madre y los gritos de mi padre.
Un abrazo de mis hermanos y las cálidas manos de mi cuñada.
Una semana de incertidumbre.
El bip de las máquinas que informan las constantes de Ángello inundan la habitación. La inflamación bajó, todo en él se recupera satisfactoriamente, pero está sumido en un sueño que lo mantiene en un estado que se me hace terriblemente doloroso.
Ángello no ha despertado, debió hacerlo hace unos días y los doctores están preocupados, porqu