Al día siguiente cuando desperté, me di cuenta que mi esposo me estaba mirando con el brazo apoyado en la almohada y con una hermosa sonrisa en los labios.
—Buenos días preciosa, me encanta ver cómo duermes—, dijo acercando sus labios a los míos, dándome un suave y delicioso beso.
—Buenos días mi amor, ¿ya se despertó la pequeña?—, pregunté.
—Sí, está en la cocina con Amelia desayunando—, me dijo.
—Bueno, creo que es hora de levantarse, Junior también estará por ordenar su desayuno— le dije.
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