Despertar en París y con el hombre que amaba, fue una de las experiencias más majestuosas que me regaló la vida, ya que después del cumpleaños de mi hija Celina, mis padres se quedaron unos días en nuestra casa con los niños, para que mi esposo pudiera darme esta magnífica sorpresa. Desperté en la suite nupcial de aquel hotel, acariciando mi rostro con los rayos de sol que entraban por esa pequeña terraza de la habitación y, entre los brazos de mi marido. Quería levantarme de la cama, cuando lo