Me quedé mirando al suelo, presionando mis brazos contra mi pecho al sentir que Gerard me descubría, haciéndome vulnerable y avergonzada, aunque no quería ni deseaba tener relaciones con mi esposo por lo sucedido en su oficina con Melisa.
—Lo... lo siento Gerard—, dije con voz débil sin atreverme a mirar a mi marido.
—Entonces no me vuelvas a tomar por idiota, por favor—, exigió mi marido.
Asentí, sin atreverme a hablar con mi marido.
——Por suerte Amanda, hay muchas cosas que podemos hacer sin