Carol y yo nos volteamos de golpe al escuchar la voz de Stiven y Máximo.
—¿Qué hacen aquí? —dice Carol, algo borracha.
—¿Acaso no podía venir? Dios, estás borracha, Carol.
—La idea era esa.
—Claro, para que otros se aprovechen de ti.
—¡Deja de ser idiota! —veo cómo Carol se va y detrás de ella sale Stiven, dejándome sola con Máximo.
—¿Te estabas divirtiendo, esposa mía? —dice algo tenso.
—Sí, pero tú dañaste mi felicidad.
—Claro, te veía muy feliz bailando sexy para esos hombres.
—No vayas por a