Los días pasan y, en menos de una semana, me caso con el amor de mi vida. Estos tiempos han sido los mejores; ahora sí puedo decir que somos una familia feliz. Salva es todo un caso, pero todos los días me enamoro más de él.
- Ya, amor, aquí está mamá. - Salva está llorando porque está pidiendo su comida. Lo cargo y me siento con él en la sillita mecedora. - Ya, amor, ya te daré tu leche. - Dejo libre mi pecho y pego su boquita a mi pezón. - Sí que eres glotón.
- Qué hermosa te ves. - Max se ace