Por Emma
Habían pasado unos días del desfile, los medios seguían hablando del costo de mi anillo y mi cara se había hecho conocida.
Decían que era la heredera que había enamorado a playboy que todas las mujeres deseaban.
Otros medios decían que con su sueldo de gerente no podía pagar por un anillo.
Muchos afirmaban que mi ego era tan grande que el anillo lo compré yo misma.
Hasta apareció una foto de mi auto y de la entrada de mi departamento.
Fueron más allá cuando apareció la mansión de Pupy en varios medios y decían que él no tenía los medios para vivir en ese lugar.
En una de las notas había una nota que decía que él había dejado a su gran amor, Grace Obbin, a cambio de seguir con su estilo de vida.
No sabía si reírme o llorar, pero supe que algo debíamos hacer.
Estaba en mi oficina, la de Directora adjunta, cuando sonó mi celular, no el de la empresa o el de Pupy, que a veces era yo quién le seguía filtrando las llamadas.
Número desconocido.
Atendí, estaba leyendo unos documentos