Por Pupy
Finalmente dejé de fingir y le dije lo que pensaba.
Su sonrisa me confundió.
No era burlona, pero tampoco sincera.
Sin embargo, no iba a dejar pasar esta oportunidad de acercarme a ella.
Le corrí un mechón de sus largos y sedosos cabellos y me acerqué lentamente a ella, disfrutando el momento, adivinando el placer que me daría besar su boca.
Emma no se corrió, tampoco se inmutó y yo pensé que tenía vía libre.
- ¿Tengo que renunciar?
Me preguntó, como quién dice que afuera está lloviend