—¿Puedes enamorarte de dos personas? —preguntó Estrella y a su madre se le fue la taza de café, junto con el corazón y el estómago, al piso; o al menos así fue cómo se sintió—. Creo que me enamoré de los dos.
—¡Mamá! —gritó Estrella, preocupada por el café derramándose sobre los pedazos de cristal esparcidos por el suelo, y por los zapatos de su madre—. ¿Estás bien? ¿Fue tan sorprendente decir que me enamoré? También puedo enamorarme, ¿sabes?
—Yo sé que puedes enamorarte, Estrella —aseguró Rebe