CAPÍTULO 75. Una copia suya
Darío estaba aturdido. Cerró los ojos y respiró pesadamente mientras intentaba encajar aquel golpe. Había más de seis médicos en aquella habitación y parecía que todo el mundo estaba preocupado y concentrado en él.
—¿Un… tumor? —balbuceó—. ¿En mi… en mi cabeza?
El doctor frente a él asintió con un gesto de tristeza.
—Así es. Es un tumor… relativamente grande.
—¿No se puede operar? —preguntó Darío mientras sus ojos se cristalizaban.
—Sí, sí se puede… —dijo el médico, pero por su tono el Diablo s