CAPÍTULO 50. Yo también te quiero
Sammy se sentía como una seta en un rollito primavera, tratando de salir pero realmente no había cómo. Darío se había puesto un pantalón antes de salir detrás de Ángel, y en la otra habitación se había roto más de un mueble.
—¡Maldición! —rezongó Sammy tratando de darse la vuelta, y aunque le costó sus buenos cinco minutos logró desenrollarse como si fuera una momia.
Se puso lo primero que encontró decente y se quedó boquiabierta cuando llegó al salón y lo encontró destrozado, con Ángel estamp