CAPÍTULO 29. ¡Ya no eres una maldita princesa!
Era algo profundamente doloroso, como si la hubieran golpeado con un mazo en medio del pecho, extendiendo aquella angustia desesperada por todo su cuerpo. Sentía que no podía respirar, todas sus alarmas se habían disparado de una vez y todas decían lo mismo: que algo estaba terriblemente mal.
O el Diablo había cambiado de personalidad de un segundo al otro, o aquel hombre que estaba en su habitación no era el Diablo.
Trató de mantenerse tranquila, espantando aquellas lágrimas que pujaban por hu