Mientras Alice guiaba a John a una habitación de invitados en la enorme mansión Clark, el peso de las emociones no expresadas flotaba en el aire. Entraron en la habitación tenuemente iluminada, sus corazones latían con anticipación.
En ese espacio íntimo, su conexión llegó a un punto de inflexión, y Alice reunió el coraje para actuar según sus sentimientos.
En el suave resplandor de la luz de la luna que se filtraba a través de las cortinas, Alice se volvió hacia John, sus ojos color avellana