Segundos después de haber visto pasar aquel auto a una gran velocidad, el trayecto de James y Tatiana se vio interrumpido por el sonido de una bocina detrás de ellos.
Richard, en su propio auto, los había alcanzado y les hacía señas para que se detuvieran. James frenó el automóvil y se aorilló. Tatiana, sintiendo la adrenalina correr por sus venas, abrió la ventana para escuchar lo que Richard tenía que decir.
— No hay mucho tiempo ¡Debemos ir tras ese auto negro! ¡Alexander y Margaret están