Richard, Tatiana y James quedaron paralizados por un momento cuando el guardia de seguridad los descubrió en su escondite. Estaban acorralados, no podían escapar de esa. Richard estaba de espaldas, pero sus amigos podían ver bien aquel semblante del hombre que portaba al menos dos armas de fuego.
—¿Quiénes son ustedes? ¡¿Qué diablos están haciendo aquí?! —inquirió el guardia casi en un grito.
Richard, pensando rápidamente en una estrategia, no se le ocurrió otra cosa más que carraspear, peinar