Richard se hundió en el asiento de su auto, sintiendo la furia correr por sus venas. La traición de Alexander y la desaparición de Margaret lo tenían desesperado.
Sacó su teléfono y notó varias llamadas perdidas de sus padres, pero en ese momento no tenía tiempo para escuchar sus preocupaciones.
Marcó frenéticamente el número de James, esperando que su amigo respondiera lo antes posible.
— ¡Richard! ¿Qué demonios está pasando? — exclamó James al otro lado de la línea, evidenciando la preocupa