Margaret miró el teléfono sorprendida y rápidamente respondió la llamada. Sus manos temblaban y aunque Richard negó con la cabeza para que ella no respondiera.
Aun así ella se atrevió a hacerlo y él solo se llevó la mano hacia la frente, con la preocupación saliendo por sus poros.
— ¿Hola? — respondió Margaret, agravando un poco su voz para no sonar como ella.
Al otro lado de la línea se escuchaba una respiración fuerte y el corazón de Margaret se aceleró con angustia.
— Eres una ingrata, Marga