19. ANHELANDO
El vaso de cristal que sostenía Cristina cayó al piso, y su sonido al quebrarse fue lo único que se escuchó en toda la extensión de la sala. Si su rostro servía de respuesta, pues, era ya de unA cereza llena de temor y preocupación. Rio no se inmutó al escucharla, y se agachó para recoger los trozos de vidrio.
—Largo —le escupió a una de las sirvientas que trató de acercarse. Una vez la observó, Cristina se tomaba de las manos, apretando los labios y con un fuerte deseo de irse de aquí—. ¿Te la