Olivia no podía creer lo que leía; Angélica había tomado una decisión apresurada dejándola, de nuevo, entre la espada y la pared. Si Víctor se daba cuenta de las intenciones de su hermana menor, solo complicaría todo; se había puesto en peligro al irse de esa casa. Pero para Angélica eso no importaba: deseaba recuperar a su padre y no había nada más en su cabeza.
—¿Sucede algo? —cuestionó Julieta al ver que Olivia había palidecido.
—Mi hermana se ha ido… —dijo rápidamente, mostrando una ligera