—Olivia, ¿estás bien? —preguntó Julieta debido al silencio rotundo desde que salieron del taller de diseño.
El vestido iba perfectamente empaquetado en la cajuela y, pese a lo hermosa que se miraba, no traía en ella ese brillo de mujer ilusionada por el día de su boda. Había sido así desde hace días, pero pensó que era el mismo nerviosismo; ahora se daba cuenta y era muy tarde a su parecer.
—Sí, señora Julieta, solo estoy cansada. Creo que el viaje en auto no me está cayendo bien —dijo sobando