Blake Stewart
Mientras mi madre —mi aliada, mi amiga, mi mayor apoyo— terminaba de ajustar el último botón de seda en mi espalda, me detuve frente al espejo de cuerpo entero. Fue inevitable que el pasado me golpeara con la fuerza de un flashback cargado de nostalgia y una pizca de ironía.
Hace poco más de tres años, me miré en un espejo similar en Chicago. Aquella vez, el vestido era una armadura rígida diseñada para sellar un contrato comercial. Aquella novia no era más que un peón. Pero mi me