Logan Christian
Me miré al espejo del vestidor de la hacienda y, por un segundo, no reconocí al hombre que me devolvía la mirada. No era el músico atormentado que se escondía tras una cortina de cinismo, ni el hombre que temía que su apellido fuera una sentencia de muerte. El tipo del espejo llevaba un traje de lino color arena, una sonrisa que no lograba ocultar los nervios y, sobre todo, una paz que me había costado treinta años encontrar.
—Cierra la boca, Logan, vas a atrapar moscas —dijo Ja