Blake Stewart
Si hace un año alguien me hubiera dicho que mi mayor habilidad no sería cerrar contratos millonarios en rascacielos de cristal, sino coordinar cinco tomas de biberón mientras discuto sobre pedagogía infantil en medio de una cocina de Tennessee, me habría reído en su cara. Pero la vida tiene un sentido del humor exquisito.
Habían pasado tres días desde que Julian, Jagger y Will se marcharon a Chicago para cerrar el capítulo final de nuestra historia allí. En su ausencia, la haciend