Blake Stewart
El aire en Nashville tiene una forma particular de anunciar las tormentas, pero esa mañana, el cielo estaba de un azul tan insultante que nadie habría predicho el huracán que se aproximaba por el camino principal de la hacienda. Yo estaba sentada en el porche, con una taza de té de jengibre entre las manos y la mirada perdida en los prados, tratando de asimilar que Julian, mi nuevo y enigmático hermano, estaba durmiendo en la habitación de invitados mientras mi esposo y mi hermano