Jagger Stewart
Hay momentos en la vida que se sienten como un choque de trenes en cámara lenta: sabes que el impacto es inevitable, pero no puedes apartar la vista. Ver a mi madre, la imperturbable Amelie Stewart, caminar por el pasillo hacia el salón donde Julian esperaba, era uno de esos momentos. Mi pulso era un tambor de guerra en mis oídos.
Julian estaba de pie junto a la chimenea, observando un retrato de la hacienda. Cuando escuchó los pasos de Amelie, se giró.
El efecto fue instantáneo.