Esa noche solo subimos a mi habitación, más impulsada por la vergüenza de verlo de nuevo, que por la emoción de estar en casa. Julián cerró la puerta y durante un minuto, me miró dar vueltas y vueltas.
—No esperabas verlo otra vez —afirmó.
Me detuve, mordiéndome el labio inferior debido a la ansiedad.
—Parece que su pequeña compra de acciones al fin está rindiendo frutos —agregó acercándose a la mesa donde de niña solía estudiar—. El crecimiento que tuvo la empresa gracias a mi inversión, le