Contuve un quejido y alejé su mano de mí.
—¿Y tú? ¿Me dirás que no dormiste con ella?
No respondió, solo apretó los labios y siguió mirándome con una expresión apenas contenida. Para mi sorpresa, su silenció me dolió; era una respuesta muy clara.
Suspiré y me dije que no tenía por qué dolerme, él y yo no estábamos enamorados.
—Bien. La respuesta es no. No me acosté con él.
Pasando por su lado, presioné el botón del primer piso y en cuanto el ascensor abrió sus puertas, me lancé afuera. Ju