¡No está muerto!
Nápoles, Italia.
Lorenzo
La taza de café resbaló de mis manos y se apresuró al piso de manera estrepitosa. Levanté la mirada para encontrarme con el rostro pálido y compungido de Federico.
—¿Qué estás diciendo? —pregunté casi en un gemido lastimero. Habían pasado semanas desde la desaparición de Dante y hasta ese día no habíamos tenido ninguna noticia positiva.
Todas las brigadas que fueron enviadas a Amalfi y sus alrededores regresaron sin tener una sola pista del paradero de