Alejandra
Siento el corazón latiéndome en la garganta, los oídos... entre las piernas, menos en donde debería de estar, llego a la entrada a la casa y hecho un vistazo antes de entrar, Jonathan se ha levantado, su grito de amenaza me causa un delicioso escalofrío que me recorre la piel, avanza con una lentitud que no hace más que acelerar mis latidos, corro al interior de la casa.
Sumamente ansiosa miro en todas direcciones, el lugar es sumamente enorme, pero justo ahora no se me ocurre un lugar en el cual pueda esconderme, el tik tak del reloj de la cocina me taladra los oídos, paso la mirada desesperada por todos lados, hasta que mi mirada se queda fija en la ventana de la sala.
Voy corriendo hasta allá, hago a un lado las cortinas y abro la ventana, después paso por el otro lado, ocultándome entra las hojas del arbusto que está aquí, una vez acomodándome me convenzo de que es el mejor lugar para esconderme, tengo vista directa al pasillo de cristal que lleva a las habitaciones y