Todo se vuelve negro, mi corazón me reclama que lo deje descansar un rato, el cuerpo de Jonathan se aleja del mío, no puedo mover mis manos, ya que están bien atadas sobre mi cabeza, me quedo completamente quieta, no escucho absolutamente nada.
— ¡Jonathan! ¡Eres un pervertido!. –escucho una leve risita después del inconfundible sonido de la ropa cayendo al suelo.
— Gracias.
"Descarado…"
Vuelve a subir a la cama, el colchón cede ante su peso, sus manos se posicionan en mis caderas y de un tirón se deshace de la parte baja del traje de baño que me quedaba, no tardo en sentir sus dedos en esa zona, comienza acariciar mi piel necesitada, separo los labios para tomar más aire, sus dedos me abandonan y el colchón vuelve a ceder ante su peso, siento su aliento cálido contra mi entrada, no pasa mucho para que su boca termine en esa zona, arqueo la espalda y suelto un gemido.
No tengo idea de porque todo se siente tan… intenso, puede ser el juego previo que tuvimos o el hecho de que mis ojos