Todo se vuelve negro, mi corazón me reclama que lo deje descansar un rato, el cuerpo de Jonathan se aleja del mío, no puedo mover mis manos, ya que están bien atadas sobre mi cabeza, me quedo completamente quieta, no escucho absolutamente nada.
— ¡Jonathan! ¡Eres un pervertido!. –escucho una leve risita después del inconfundible sonido de la ropa cayendo al suelo.
— Gracias.
"Descarado…"
Vuelve a subir a la cama, el colchón cede ante su peso, sus manos se posicionan en mis caderas y de un tiró