—No te sentí llegar anoche. ¿Llegaste muy tarde? —preguntó Ximena.
Estaban desayunando.
—No sé qué hora era.
—Pues debió ser muy tarde, tienes unas ojeras espantosas.
Alana apenas y había dormido, pensando, intentando entender lo que había ocurrido y convencerse de que no estaba soñando. Las pesadillas y los lobos la habían seguido al mundo de la vigilia y la acechaban cuando estaba despierta.
—Me preocupas, amiga. Me preocupa tu salud mental —agregó Ximena.
¡Salud mental! Era increíble para