El auto de Damián, escoltado por otros dos, fue guiado hasta los muelles. Allí estaba emplazada una sucursal de la compañía de su padre, cerca de donde llegaba la mercancía que importaban. Allí también había pasillos oscuros entre contenedores llenos de secretos y bodegas enormes y solitarias. En una de estas se reunió con su padre. Los ojos del alfa se clavaron en Martín.
—¿Qué hiciste, Damián?
—No hablaré con él presente. ¿Puedo confiar en que tu secretaria lo cuidará?
Frank asintió y la mujer