El sudor helado de mi frente comenzó a caer, cuando me detuve al lado de un gran cedro para descansar. Era el comienzo del bosque de los Exiliados, pero para llegar aquí había tenido que utilizar todas mis fuerzas. El antídoto del frasco había sido muy poderoso, tanto que me había librado del control de Zem. Ahora, no tenía que hacerle caso ni rendirle cuentas.
Mi viaje había sido largo y tensionado. Al colocar toda la poción sobre mí, el control mental de Zem me abandonó por completo y me sent