—¿Qué demonios haces? —pregunté, al tiempo en que me cubría del ataque del pálido que intentaba clavarme las uñas cerca del cuello.
Mis reflejos apenas si estaban al cien por cien, pero estaba sacando fuerza hasta de donde no tenía para seguir haciendo tiempo. Era de vital importancia extender esas horas, esos minutos, en los cuales mi manada encontraría lo que habíamos venido a buscar con tanta urgencia.
Zem me miró incredulo.
—Vine a matar a un par de idiotas. —soltó, al tiempo en que apuntab