El motor del auto se apagó frente a la casa. Alejandro bajó, caminó hacia el otro lado y le abrió la puerta a Cristina para ayudarla a salir. La sostuvo con cuidado. Al quedar frente a frente, se miraron fijamente por unos segundos. No hicieron falta palabras; con esa mirada se dijeron que el pacto ya estaba cerrado. Todo estaba arreglado entre ellos.
La puerta de la casa se abrió de golpe y la nana Beatriz salió corriendo, bajando las escaleras muy asustada. Llevaba horas llorando de la angu